El Río Anzur

CO-751, 14900 Lucena, Córdoba, España
Perteneciente a la cuenca del Genil, este río, nacido en la Subbética, es uno de los más interesantes de la Campiña Alta por el estado de conservación que presenta su vegetación de ribera. Su trazado es un tanto curioso, ya que describe una especie de "uve" en cuyo vértice se acerca al Genil, pero no desemboca en él, pues la topografía se lo impide. En su nacimiento, cerca del famoso manantial de Zambra, el Anzur discurre acompañado de chopos, sauces y olmos, que aportan unas tonalidades verdes muy destacadas entre la monotonía del olivar circundante. El paisaje se enriquece aún más con un reticulado de pequeñas huertas, si bien éstas pueden considerarse prácticamente en vías de extinción al verse afectadas por la crisis de la agricultura y el avance del proceso urbanizador. A medida que el río avanza sus aguas van recibiendo aportes de contaminantes de origen urbano y agrícola, como son los productos utilizados en el tratamiento del olivar. En ocasiones, la formación vegetal riparia ve incrementada su frondosidad de manera artificial, al haberse realizado algunas repoblaciones de álamos, que cobijan animales ligados tanto al medio acuático como al forestal. Por ello, lo mismo se pueden ver martines pescadores que pollas de agua o pájaros carpinteros. El cañaveral es puntualmente abundante y da nombre a algún cortijo, como la Dehesa del Cañaveral, aunque la especie dominante en el bosque en galería es el taraje, que da lugar a típicas formaciones vegetales conocidas como tarajales. Estas adquieren tintes de espectacularidad en la confluencia de los ríos Anzur y Lucena, que desembocan a su vez en el embalse de Cordobilla. Sin duda, esta especie tiene aquí las masas más extensas de la provincia, un auténtico bosque donde se escuchan cantos y reclamos de muchos pájaros. Ver Detalles

Localización
GPS: 37.370076008439575 | -4.603386772471481


Perteneciente a la cuenca del Genil, este río, nacido en la Subbética, es uno de los más interesantes de la Campiña Alta por el estado de conservación que presenta su vegetación de ribera. Su trazado es un tanto curioso, ya que describe una especie de «uve» en cuyo vértice se acerca al Genil, pero no desemboca en él, pues la topografía se lo impide.

En su nacimiento, cerca del famoso manantial de Zambra, el Anzur discurre acompañado de chopos, sauces y olmos, que aportan unas tonalidades verdes muy destacadas entre la monotonía del olivar circundante. El paisaje se enriquece aún más con un reticulado de pequeñas huertas, si bien éstas pueden considerarse prácticamente en vías de extinción al verse afectadas por la crisis de la agricultura y el avance del proceso urbanizador.

A medida que el río avanza sus aguas van recibiendo aportes de contaminantes de origen urbano y agrícola, como son los productos utilizados en el tratamiento del olivar. En ocasiones, la formación vegetal riparia ve incrementada su frondosidad de manera artificial, al haberse realizado algunas repoblaciones de álamos, que cobijan animales ligados tanto al medio acuático como al forestal. Por ello, lo mismo se pueden ver martines pescadores que pollas de agua o pájaros carpinteros.

El cañaveral es puntualmente abundante y da nombre a algún cortijo, como la Dehesa del Cañaveral, aunque la especie dominante en el bosque en galería es el taraje, que da lugar a típicas formaciones vegetales conocidas como tarajales. Estas adquieren tintes de espectacularidad en la confluencia de los ríos Anzur y Lucena, que desembocan a su vez en el embalse de Cordobilla. Sin duda, esta especie tiene aquí las masas más extensas de la provincia, un auténtico bosque donde se escuchan cantos y reclamos de muchos pájaros.

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